jueves, 30 de julio de 2026

La neurociencia sobre la recuperación del cerebro tras un trauma

cerebro, neuronas, actividad neuronal
La neurociencia ha abierto una ventana al interior del cerebro y su estudio ha permitido descubrir técnicas que pueden ayudar a la superación de los traumas. (Getty Images - ID:1399216074)

Cuando hablamos de algún evento traumático acaecido a alguna persona, ya sea que se origine por abuso infantil, relaciones violentas o eventos traumáticos puntuales como agresión sexual o violencia de pareja (incluso guerras), es inevitable que deje huellas imborrables en el cerebro. Sin embargo, con prácticas intencionadas y apoyo, la sanación y la resiliencia son alcanzables. Esta publicación compila información al respecto.

Un evento traumático puede transformar nuestra vida. Experiencias de gran intensidad, como la pérdida de un ser amado, un divorcio complicado o situaciones de violencia y abuso, a menudo provocan un cambio abrupto en nuestra perspectiva del mundo. Gracias a los avances científicos actuales, comprendemos que sus efectos se reflejan en el cerebro, nuestro órgano más enigmático.

Las investigaciones recientes en neurociencia y psicoterapia han demostrado la posibilidad de "reconectar" el cerebro. Esto se logra mediante técnicas terapéuticas innovadoras pero sencillas que pueden modificar su funcionamiento y facilitar la superación del trauma.

Muchacha leyendo
En su libro Tratar el trauma, la dra Sweeton explica todo lo que hay que saber acerca de "la neurociencia del trauma". (Img generada por Google IA)

En su obra, Tratar el trauma, la psicóloga estadounidense Jennifer Sweeton, especialista en trauma y neurociencia, ofrece 165 recomendaciones para progresar en el camino de la recuperación. Estas abarcan desde simples técnicas centradas en la respiración y el movimiento corporal hasta herramientas cognitivas más complejas.

Este libro ofrece una visión profunda del funcionamiento del cerebro, permitiendo al lector explorar la neurociencia del trauma. A través de las investigaciones más recientes y los avances académicos, se proporciona un recurso valioso para facilitar la recuperación postraumática de los pacientes.

La neurociencia del trauma

La investigación en neurociencia ha revelado cómo el trauma psicológico afecta nuestro cerebro. Este tipo de trauma no solo modifica la activación de varias estructuras cerebrales, sino que también puede cambiar su volumen, alterar la conectividad entre áreas específicas, impactar las ondas cerebrales y afectar las sustancias neuroquímicas.

Aparte de eso, los estudios psicofisiológicos nos permiten igualmente inferir cambios cerebrales a partir de los datos que obtenemos sobre los diversos índices de estrés e, indirectamente, sobre algunos tipos de actividad cerebral. Esto significa que, al momento de tratar el trauma, disponemos de información procedente de distintos métodos de investigación y podemos por tanto enfocar el tratamiento desde distintas perspectivas.

¿Qué ocurre en el cerebro cuando alguien experimenta un trauma? Este cuaderno de trabajo se enfoca en las activaciones cerebrales relacionadas con el trauma psicológico, apoyándose en estudios de neuroimagen y psicofisiológicos. Estos estudios han identificado cinco áreas principales del cerebro que se ven afectadas por experiencias traumáticas. En "Tratar el trauma" se presentan técnicas cuya eficacia para ajustar la activación de estas áreas ha sido demostrada.

Comprender el impacto del trauma en el cerebro

Al analizar estas cinco áreas clave relacionadas con el trauma, es importante recordar que ninguna de ellas opera de manera aislada. Todas están interrelacionadas, y recuperarse del trauma implica fortalecer estas conexiones y desarrollar un cerebro más integrado

El trauma afecta significativamente la estructura y la función del cerebro, particularmente en áreas como:

trauma
El trauma no es solo algo que recordás es algo que modifica cómo funciona tu cerebro.

1. Centro del miedo (amígdala): Normalmente, la amígdala detecta una emoción negativa, como el miedo, y la corteza prefrontal reacciona racionalmente ante ella. Sin embargo, tras un trauma, esta racionalidad puede verse alterada y la corteza prefrontal tendrá dificultades para regular el miedo y otras emociones. Esta parte del cerebro se vuelve hiperactiva, lo que hace que las personas se sientan constantemente nerviosas o asustadas. (Shin et al., 2006). La función principal de la amígdala es evaluar si una persona, situación o contexto específico representa una amenaza o peligro. El doctor Bessel van der Kolk, un experto reconocido en el campo del trauma, junto con sus colegas, la han denominado "el detector de humos" (van der Kolk, McFarlane, y Weisaeth, 1996). Uno de los objetivos en el tratamiento del trauma es disminuir la activación de esta área cerebral. Al desactivarla, se puede reducir la reactividad ante los desencadenantes del trauma, así como la alerta psicofisiológica y los síntomas comunes de reactividad en el trastorno de estrés postraumático (TEPT), como la hipervigilancia y el estar en constante alerta.

Imagen ilustrativa de la Dra Jennifer Sweeton
Fotografía de la Dra Jennifer Sweeton - Fuente: https://www.jennifersweeton.com/about

2. Centro de interocepción (ínsula): La ínsula es el centro de la interocepción y la propiocepción en el cerebro. La propiocepción nos permite mantener el equilibrio y ser conscientes de la posición de nuestro cuerpo en el espacio. Por ejemplo, podemos caminar y saber dónde están nuestras piernas y el resto del cuerpo, incluso con los ojos cerrados, gracias a esta capacidad. Sin propiocepción, es probable que nos cayéramos. La interocepción nos ayuda a percibir nuestras experiencias internas y conectar con nuestras sensaciones internas; experimentar hambre, calor o nerviosismo son ejemplos de interocepción. En situaciones de trauma, la ínsula tiende a desregularse, lo que puede dificultar la identificación y gestión de emociones y sensaciones físicas angustiantes. Una ínsula sana mejora nuestra percepción interna del cuerpo y nos ayuda a identificar y controlar mejor las emociones que experimentamos.

3. Centro de la memoria (hipocampo): el hipocampo, también conocido como “el guardián del tiempo” (van der Kolk, 2014), es responsable de asignar un sello cronológico a nuestros recuerdos. El trauma puede reducir el tamaño de esta área, lo que afecta la memoria y dificulta el manejo de las emociones. (Bremner, 2006). Esto nos permite revivir eventos pasados con una clara percepción de que ocurrieron en el pasado, en lugar de sentir que están sucediendo en el presente. En personas con síntomas postraumáticos, esta parte del cerebro suele estar menos activa y ser más pequeña comparada con aquellos que no han experimentado traumas o no sufren de trastornos de ansiedad. Esta disminución en actividad o tamaño se manifiesta en problemas de memoria y dificultad para manejar el estrés. Un incremento en la actividad de esta área cerebral contribuye a que las personas se sientan más seguras en el presente y reduce el miedo ante posibles desencadenantes del trauma.

4. Centro del pensamiento (corteza prefrontal): Esta parte se vuelve menos activa, lo que puede dificultar el pensamiento claro, el control de los impulsos o el mantenimiento de la calma (Bremner, 2002). La corteza prefrontal está compuesta por varias estructuras más pequeñas que, en conjunto, funcionan como el centro cerebral del pensamiento. La concentración, la toma de decisiones y la conciencia de uno mismo y de los demás dependen de la corteza prefrontal. En el caso de un cerebro traumatizado, es común que esta área esté poco activa, lo que dificulta la concentración, la toma de decisiones, así como la conexión con los demás y la autoconciencia. Cuando la corteza prefrontal se activa, se logra mayor claridad de pensamiento, mejor capacidad de concentración, una sensación de conexión con los demás y una mayor conciencia de uno mismo.

5. Centro de autorregulación (corteza cingulada): La corteza cingulada, especialmente la corteza cingulada anterior (CCA) o su parte dorsal (CCAd), desempeña un papel crucial en la supervisión de conflictos, la detección de errores y la autorregulación, abarcando la regulación de emociones y pensamientos. En personas con secuelas psicológicas traumáticas, esta área del cerebro suele estar poco activa, lo que puede dificultar esa regulación emocional y el proceso de toma de decisiones. Un aumento en la activación de esta región puede ser muy beneficioso para ellas, ya que mejora su capacidad para gestionar emociones dolorosas o desfavorables y afrontar pensamientos angustiantes.

Las tres partes del cerebro más afectadas por un trauma emocional son: la amígdala, el hipocampo y la corteza prefrontal.
Pueden provocar que una persona que ha sufrido un trauma viva con miedo constante, especialmente cuando se desencadenan por eventos y situaciones que le recuerdan su trauma pasado.
Superar un trauma emocional es un proceso largo, pero es posible. Si sufres las secuelas de un trauma emocional o trastorno de estrés postraumático (TEPT), debes saber que recuperarte es posible.

Fuente: https://highlandspringsclinic.org/

Estos cambios neurológicos explican por qué quienes han sobrevivido a un trauma pueden experimentar recuerdos intrusivos, ansiedad y dificultades para confiar en los demás. Conocer esto les ayuda a comprender sus síntomas y a sentirse menos culpables.

Además, la conexión entre estas áreas cerebrales cruciales puede tener un efecto positivo en los síntomas y en el funcionamiento general de la persona. A continuación, se presentan algunas ideas fundamentales sobre la conectividad neuronal:

♦ Conectividad cortical-subcortical: las conexiones entre las áreas cerebrales responsables de la autorregulación y el pensamiento, como la corteza prefrontal y la corteza cingulada, y el centro cerebral del miedo, la amígdala, facilitan su regulación y disminución de actividad. Esto contribuye a reducir las respuestas de miedo y las emociones negativas. Es, en cierto modo, como desactivar o silenciar el detector de humos del cerebro.

♦ Conectividad insular: cuando existe una intensa conexión bidireccional entre la amígdala y la ínsula, se generan reacciones de miedo intensificadas. Esto ocurre porque la ínsula percibe sensaciones corporales desagradables y las transmite a la amígdala, que posteriormente amplifica esas sensaciones.

Recuperación

recuperacion de un trauma
El cerebro está en constante evolución y la recuperación de un trauma es posible: porque el cerebro tiene plasticidad. Lo que se aprendió, se puede reentrenar. (Imagen Google IA)

El cerebro puede recuperarse y cambiar tras un trauma gracias a la neuroplasticidad, utilizando principalmente la terapia EMDR, la regulación del sistema nervioso mediante la respiración y el movimiento, y el ejercicio físico constante. Estas prácticas ayudan a desactivar el estado de alerta máxima y enseñan al organismo que el peligro ya pasó.

Terapias de reprocesamiento y cognitivas

EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares): Consiste en fijar la vista en un estímulo visual o físico mientras se recuerda el hecho traumático, lo que ayuda a archivar el recuerdo sin dolor emocional.

Reestructuración cognitiva: Herramientas guiadas para identificar pensamientos automáticos de miedo y cambiar la respuesta del lóbulo frontal ante los desencadenantes del estrés.

Regulación somática y corporal

Ejercicios de respiración profunda: Activan el nervio vago y reducen de inmediato el exceso de cortisol y la respuesta de lucha o huida.

Movimiento consciente y yoga: Ayudan a liberar la tensión acumulada en los músculos y devuelven al cuerpo la sensación de control y seguridad física.

Estimulación física (Tapping): Pequeños golpecitos en puntos específicos del cuerpo que calman la actividad de la amígdala cerebral en momentos de ansiedad aguda.

Estilo de vida y hábitos neuroprotectores

Ejercicio aeróbico regular: Caminar o correr estimula sustancias químicas que reducen la inflamación cerebral y promueven la creación de nuevas neuronas.

Práctica de mindfulness: Entrena la atención plena para observar los miedos actuales sin reaccionar de forma automática con pánico.

Consciencia y Regulación Corporal

Técnica 5-4-3-2-1: Nombra cinco cosas que ves, cuatro que puedes tocar, tres que oyes, dos que hueles y una que saboreas para volver al presente.

Escaneo corporal: Sienta tus pies en el suelo y lleva la atención despacio por todo el cuerpo para notar y soltar la tensión sin juzgar.

Escritura y Expresión

Narrativa de los hechos: Escribe en un papel qué pasó, dónde y cómo te sentiste, deteniéndote si el recuerdo es muy fuerte.

Descarga emocional: Escribe sin parar lo que sientes para sacar el enojo o la tristeza acumulada, y luego rompe el papel si lo deseas.

Movimiento y Descarga

Sacudida física: Párate y sacude suavemente las manos, los brazos y las piernas durante un minuto para liberar la energía del estrés atrapada en los músculos.

Respiración profunda: Inhala lento inflando el abdomen y exhala el doble de tiempo para activar la calma en tu cuerpo.

Créditos bibliográficos

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https://eclivibes.org/

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https://highlandspringsclinic.org/

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