La presente publicación es una transcripción de un video de la Dra. Menchu Moreno el cual lo puedes ver en su canal oficial de youtube @menchupsicologa de manera que piedas seguir coordinadas la lectura y la escucha de sus conceptos; y, como referencia adicional, mi consejo es que te suscribas, porque así apoyas su trabajo intelectual de gran valor para la psicología.
La transcripción se realizó con la tecnología de Vizard AI Transcript Generator
Se analizan las 5 claves de la psicología de masas y la sociología que explican la parálisis social ante la crisis, la subida de precios, la inacción del gobierno y el deterioro institucional.
En este análisis profundo destripamos mecanismos psicológicos y neurocientíficos documentados que anestesian a la sociedad y cómo empezar a poner tu granito de arena para que dejemos de pertenecer a una sociedad dormida.
Imagina que entran en tu casa, te quitan tus muebles, te quitan tu comida, atentan contra el futuro de tu familia y tú, en lugar de echar al intruso, te sientas en el sofá a escribir un comentario en redes sociales quejándote de lo que te acaba de pasar. Pues mira, eso es exactamente lo que le está pasando a la sociedad española. Nos han vendido esta ilusión tan falsa de poner un me gusta, de compartir una noticia indignante o dejar un comentario con rabia. Y con eso nosotros pensamos que mientras hacemos eso con el culete en el sofá, ya hemos hecho nuestra parte.
Y luego nos preguntamos por qué la gente no estamos en la calle, en manifestaciones, luchando con todo lo que está cayendo en España. Creemos que con eso ya hemos cumplido. Ahí tienes la respuesta. Esa es la respuesta de este país. ¿Por qué no hacemos nada? ¿Por qué no salimos a la calle? Yo cada vez escucho más comentarios de no voy a ir a votar. Entonces, ¿de qué te estás quejando si no vas a ir a votar? o personas que están todo el día quejándose de absolutamente todo, de los precios, de todo lo que está ocurriendo, y cuando llega y tienen una manifestación en la puerta de su casa, no son capaces de acompañar y de protestar por esos derechos que se pegan los 364 días restantes del año criticando.
Así que nos llevamos las manos a la cabeza por esta subida imparable, como digo, de precios, la pérdida de autoridad, de respeto, de educación, de las instituciones que nos toman el pelo, el deterioro de la sociedad, la invasión de Ceuta, todo. Pero a la hora de la verdad, cuando hay una manifestación, las calles se quedan prácticamente vacías. Fíjate que 9 de cada 10 españoles, es decir, un 90%, está convencido de que el sistema ya no protege a la gente cotidiana, al ciudadano corriente.
Y sabiendo esto, ¿dónde están las manifestaciones firmes y sostenidas que deberían exigir dignidad? Hay pocas y yo, de verdad, la gente que las convoca de forma legal, enhorabuena, porque la verdad es que se convocan pocas, pero es que claro, es que yo entiendo también que la gente que las está organizando, si les vayan las ganas, porque la mayoría las ve de forma resumida luego en Facebook, en Instagram o en un vídeo de YouTube.
Así que no cometamos el error de pensar que a la gente ya no le importa su país. Porque te voy a explicar por qué estamos con el freno de mano echado.
Presentación de los cinco frenos psicológicos ante la pasividad
Te voy a explicar cinco frenos psicológicos muy documentados para poder entender qué nos tiene anclados realmente al sofá de casa, a la queja y a no mover el cucú para solventar. Porque yo te digo desde mi posición, desde mi ignorancia, te digo que veo un muy mal panorama y que esto es muy difícil de solucionar, prácticamente engobierne quien gobierne, es una opinión personal, pero bueno, ya sabéis que de vez en cuando digo mis opiniones personales porque para eso es mi canal y me creo con derecho a decirlas, aunque sea un canal de psicología, que es lo que te voy a explicar, que es lo que esos frenos, esas anclas que nos mantienen al ciudadano español hoy día sentados, como digo, con el cucú pegado a la silla.
Pero independientemente de eso, Veo muy mal panorama, así que o nos ponemos todas las pilas o esto no se va a quedar igual. No pienses que se va a quedar igual. Esto va a ir cada vez peor.
Así que vamos a desmantelar esos frenos mentales y vamos a entender por qué nos cuesta tanto dar el paso para salir a la calle. Vas a comprender por qué prefieres callarte en según qué entornos para no ser señalado, porque es otra de las cosas que nos mantienen bloqueados. Y vamos a descubrir también por qué muchos de los escándalos que están ocurriendo hoy día hace unos 10 años serían intolerables y hubieran hecho caer a un gobierno entero. Y hoy prácticamente nos tienen sin pulso. Estamos como a pamplaus. Así que luego te voy a dar una llave para que pongas tu granito de arena y poder romper este círculo vicioso que es... a mi modo de ver y permitirme esta expresión y con respeto a todo el mundo como una célula que poco a poco nos va comiendo sin darnos cuenta de que al final, como no hagamos algo para salir de esta situación, se nos va a acabar comiendo de cuerpo entero. Empezamos la disección.
Freno 1: la indefensión aprendida
Mira, el primer freno del que quiero hablarte es algo que se llama la indefensión aprendida, que seguramente este concepto, si eres usuario de este canal, lo habrás escuchado más de una vez, pero lo quiero traer muy en detalle hoy para tratar de entender por qué este es uno de los frenos más importantes que nos mantiene inactivos.
Fíjate que te lo voy a explicar muy rápidamente a través de un experimento que hizo Martin Seligman. Y es un experimento muy revelador que realizó con perros. Los perros los colocaba en una estancia donde los perros recibían pequeñas descargas eléctricas de forma aleatoria. Ellos no hacían nada para que esa descarga apareciera, así que no podían evitarlas. Daba igual si ladraban, si comían, si corrían o si se quedaban quietos. El castigo llegaba igual.
Más tarde los colocaron en un recinto donde bastaba con saltar una valla muy chiquitita para poder salvarse de las descargas. ¿Sabes lo que hicieron los animales? No hicieron nada. Se tumbaron a gemir y a aguantar el dolor una vez más. Habían grabado a fuego la lección más peligrosa de todas. Haga lo que haga, no sirve de nada.
Y esto es lo mismo que cuando una de las personas de la pareja se calla para no liarla, o cuando, yo siempre pongo este ejemplo, un elefante pequeño en un circo, lo ataban, como digo, de chiquitín, con una estaca de madera clavada en el suelo. El elefantito tiraba al principio y tiraba, pero no podía liberarse, así que con el tiempo, ese elefante deja de intentarlo. Hoy día ese elefante es un enorme gigante capaz de... de arrancar un árbol de raíz. Sin embargo, sigue atado a una estaca, a la misma estaca de plástico. No es que no pueda escapar de la estaca, es que su cerebro está convencido de que no puede arrancarla.
A la sociedad española nos está ocurriendo exactamente lo mismo. El resultado es que la población está ya aprendiendo y asumiendo la misma lección que el elefante. ¿Para qué molestarme? si todo va a seguir igual.
Esto no es ningún tipo de pereza porque yo escucho a algunos influencers con toda lógica que dicen es que somos unos vagos, es que nadie despierta, es que yo entiendo ese ángulo, pero yo te lo quiero explicar desde el ángulo de la psicología, así que no es una pereza como tal. Esto es repetición pura y dura.
La neurociencia nos muestra que el cerebro necesita comprobar que los actos tienen consecuencias reales para mantener el impulso, para luchar, para estar motivados. Cuando esa certeza se destruye, la mente entra en un modo ahorro de energía y se apaga por defecto, apareciendo la indefensión aprendida.
Freno 2: la justificación del sistema
El segundo freno es la justificación del sistema y actúa como una anestésico social. Y es muy incómoda porque toca un mecanismo de autoconservación. Porque yo te quiero preguntar si has descubierto alguna vez alguna persona cercana o a ti mismo pensando "Bueno, al menos no estamos en guerra. Bueno, al menos nos podemos tomar una cervecita. Al menos, bueno, en todos los sitios cocinabas". ¿Y esto cómo lo entendemos? Lo entendemos porque es una reacción de defensa estudiada en psicología social.
Las personas necesitamos creer que la estructura en la que hemos construido toda nuestra vida, donde hemos trabajado, donde hemos criado a nuestros hijos, donde hemos cotizado durante décadas, sigue estando estable.
Así que aceptar abiertamente que el sistema que te gobierna está completamente descompuesto genera un nivel de angustia prácticamente insostenible para las personas.
Por eso el cerebro aplica un atajo, un atajo que además te mete anestesia. Así que en lugar de cargar con el peso de este caos que nos está ocurriendo. Nos autoengañamos racionalizando el abuso. Las cosas siempre han sido así, la sociedad ha cambiado, la ciudadanía no puede hacer nada por sí sola. Es decir, el elefante atado no solo deja de tirar de la cuerda, sino que con el tiempo se está convenciendo de que la estaca forma parte del paisaje. Es un compañero de viaje.
Freno 3: la espiral del silencio
El tercer freno es lo que se llama la espiral del silencio. Y aquí se desmonta la mentira más peligrosa que nos han vendido. Y es cuando en un grupo de repente alguien suelta no una barbaridad, sino su punto de vista ideológico y tú te callas por educación o por evitar la discusión.
Yo hace poco estuve en una mesa donde una persona era totalmente opuesta a mí y yo le dije desde el cariño y el respeto, "dime por qué estás defendiendo esta ideología". Y él me lo expuso.
No se fue a más, porque no había excesivamente mucha confianza con esa persona. Me costó honestamente que esa persona me diera desde el respeto su punto de vista.
Así que por lo general las personas se callan. Y cuando a lo mejor vuelves en el coche con tu pareja, dices, "jolines, vaya este menudo genio, vaya este la que ha soltado en la mesa". Y tu pareja responde, "he pensado lo mismo que tú".
Todos han callado convencidos de que eran minoritarios o que no tenían derecho a exponer lo que están pensando. Eso es lo que se llama la espiral del silencio.
Y esto siguiendo la metáfora del elefante es cuando el elefante está observando que los otros elefantes tampoco tiran de sus cadenas.
Así que nadie se anima y la pasividad se nos come día sí y día también.
Freno 4: el efecto espectador
El cuarto freno es el efecto espectador. La razón por la que una causa de la que depende el futuro de todos acaba siendo responsabilidad de nadie. Cuando hay muchas personas mirando, la responsabilidad se diluye. Y aquí hay un experimento social muy importante que te lo resumo muy brevemente para que puedas entender este freno.
Y es un experimento donde una persona simula sufrir una urgencia médica mientras varios sujetos escuchan. desde habitaciones diferentes. Cuando el participante cree que es el único que escucha, actúa e interviene de inmediato. Cuando sabe que hay más personas en la habitación o escuchando lo mismo, la respuesta se retrasa o ni siquiera se produce. ¿Esto por qué ocurre? Pues porque el cerebro diluye la responsabilidad. Si somos muchos, seguro que otro más joven, otro más preparado, otro más valiente que yo, lo hará por mí. Y al final, como todo el mundo piensa lo mismo, con este cálculo mental hasta cierto punto razonal, pero que nos lleva al abismo, el resultado es la parálisis absoluta.
Freno 5: la habituación emocional
Y el último freno que nos frena, valga la redundancia, es lo que se llama la b>habituación emocional. Y este es el broche de oro.
Y ojalá pudieras pensar, hace un poco de memoria, pensando en el primer gran escándalo de corrupción que tú hiciste. recuerdas, incluso en tu juventud.
Seguramente aquella indignación te quitaba hasta el sueño, encendía todas las conversaciones y te producía un verdadero rechazo.
Y ahora quiero que pienses en la última barbaridad aprobada o descubierta esta misma semana, por ejemplo, en España.
Probablemente la has escuchado mientras comías, has suspirado y con amargura y al final has dicho más de lo mismo. Es decir, ni siquiera se te ha acelerado el corazón.
Y la neurociencia lo explica mediante lo que se llama el principio de habituación. El cerebro no puede mantener la alarma biológica al máximo todo el tiempo. Es decir, tu cuerpo se va habituando.
Así que con la sociedad pasa exactamente lo mismo. Para que un nuevo escándalo vuelva a encender la chispa social, tiene que ser exponencialmente mucho más grave que el anterior.
Y yo te digo una cosa, lo que está ocurriendo desde hace años en este país ya era muy grave. Pero esto es goteo a goteo, goteo a goteo, con lo cual nos vamos habituando, nos vamos acostumbrando.
Así que aquí el elefante adulto ni siquiera nota la presión de la cuerda, no la nota. La cadena sigue ahí apretándole cada día más, pero esos receptores nerviosos han dejado de enviar la señal al cerebro.
Síntesis de los cinco frenos psicológicos
Así que te lo resumo muy brevemente.
Primero te convencen de que moverte no sirve de nada, aparece la indefensión aprendida. Lo segundo es que para no vivir angustiado nos adaptamos y justificamos el despropósito. Esto es la justificación del sistema. El tercer freno es que guardas silencio creyendo que eres el único que piensa así o que lo que puedas decir puede ser indignante. Y aparece aquí la espiral del silencio. El cuarto freno es que asumes que la defensa del bien común le corresponde a otros, con lo cual no te mueves y aparece el efecto espectador. Y el quinto freno es la acumulación de escándalos que termina por adormecernos y adormecer la capacidad de indignación y este es el concepto de la habituación.
Así que el elefante permanece inmóvil ante una estaca que cada vez se pudre más y que podría saltar por los aires con un solo movimiento.
Claves para romper el círculo de pasividad
Así que claro, ahora puedes pensar, sí Menchu, ¿y cómo rompo esta cadena o esta estaca que me tiene a mí anclado al sofá? Pues te voy a ser muy directa, lo primero de todo es que te atrevas a hablar. La espiral del silencio se alimenta de tu propio miedo a hablar. Todo se puede decir desde el respeto, si la otra persona aparte no respeta es su problema, no es el tuyo.
El segundo punto es que por favor levantes el culo del sofá. No te conformes con escribir un tuit, no te conformes con hacer un comentario o ver un vídeo en YouTube solamente. Si las redes sociales no estuvieran, por un lado obviamente no podríamos juntarnos como grupo, pero no nos paralizaríamos tanto. Seríamos capaces de hacer un pequeño movimiento y de salir a la calle y si hay una manifestación legal, por favor, acude, levanta el culo del sofá y deja de twittear, como digo, y comentar en redes para quedarte tranquilo pensando que has hecho tú ya una gran parte. Así no hacemos prácticamente nada.
De la indignación a la dignidad: el cambio de enfoque
Y el último punto es que no busques indignación, que busques dignidad. No esperes sentir el impulso de hace años. No lo vas a encontrar.
Estamos anestesiados, pero el sentido del deber tiene que ser mucho más fuerte, la motivación, el dejar un país más bonito a nuestros hijos.
Jolín, es que no nos estamos dando cuenta de todo lo que está ocurriendo a nuestro alrededor porque nos están anestesiando día a día, día a día.
Así que, por favor, no te dejes anestesiar. Tenemos un deber como ciudadanos y es protestar. Protestar y luchar por un trato justo, por nada Estratosférico, pero sí por un trato justo. Y honestamente, estamos siendo humillados. Muchas personas nos sentimos, los ciudadanos nos sentimos humillados.
No aceptemos la humillación. Hazlo por ti, por tus hijos, por tus nietos, por tu país. Pero hazlo, por favor. Aporta tu granito de arena de forma física y no solamente de forma digital.
El tema es que mentalmente creemos que comentando ya hacemos una gran parte y comentando no hacemos ni una milésima parte de lo que haríamos si todos saliéramos juntos a manifestarnos legalmente por un trato justo y por dejar de ser ciudadanos, ya no de segunda, de tercera, de cuarta, humillados.
Así que por lo menos también espero que hayas podido entender qué es lo que le pasa a la sociedad que parece que nos han metido un gas pimienta en toda la cara y estamos paralizados, anestesiados y que esto sirva también para entenderlo y para despertar conciencias.